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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Procesión de Navidad

Irradia calor
Grandoli y Gutiérrez-
guachi torito
entre los petardos
y la cumbia de un auto.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Brindis

Suena el río
entre las maderas del
muelle viejo:
huyen los pájaros
hacia las copas llenas.

Baten las hojas-
brindis de río y brisa,
dorado y limón-
chimichurri estival
con sabor a Paraná.

Bate las hojas
el viento, lo aplauden
bienvenido.
Compiten los sonidos,
compiten los aromas.

Baten las hojas,
aplauso, saludo
o bienvenida.
Confunden nuestro beso
con el río.

Sobre nosotros
la sombra caranchea
nuestro abrazo
en el muelle nuevo
nuestro puente enredado.

lunes, 21 de noviembre de 2011

mi agenda

momentos sin agendar
como un otoño entre las hojas de mi agenda
tickets, collages, flyers, tarjetas

Agenda semanal con reflexiones
leídas al azar
mandalas sin terminar

Te quiero gorda
de poemas desarticulados en días vacíos

Dejame hacer un garabato
dame un hueco
para escribir una lista con mis
verbos y adjetivos favoritos

Sos mi disco externo
mi backup de vida

por si algún día pierdo la memoria

por si alguna vez decido reconstruir
como una primavera
las hojas caídas

por si decido construir y descubrirme
entre las listas, las palabras, las facturas.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Vu



Conocí a Vu una tarde de un día de invierno tan helado que ni siquiera las nubes habían salido a cobijar al cielo, mucho menos al sol, que cansado de esfuerzos en vano, decidió ahogarse tras la isla Gorriti.

Yo no estaba segura de qué hacer, tenía dudas. No había ido para hacerlo, sino para imaginarme haciéndolo y sentir cómo me sentiría.

En eso estaba yo, con los ojos cerrados, concentrada en lo mío, cuando sentí su mano mojada en mi pantorrilla. Abrí los ojos, la miré, me quedé mirándola. Ella me observaba impávida, sin parpadear ni sonreír. Salió del agua, acomodó su cola y se sentó, seguía mirándome sin sonreír.

Hola le dije, me sentí torpe. Dudé por un instante que hablara, o que escuchara, dudé por un instante que estuviera ocurriendo en realidad, que ella estuviera allí o me lo estuviera imaginando todo.

Mejor me voy, antes que me convenza que estoy totalmente loca, quizás me haya bajado el azúcar y estoy desvariando, me dije. Tomé mi mochila, me la colgué de un hombro y di media vuelta. No miré atrás. Me fui.

No volví más al puerto.

Se me habían ido todas las ganas de hacerlo. Me había asustado pensar que podría estar loca. Quería morir, aunque me molestaba pensar que quizás quisiera morir porque estaba loca. Si me mataba no era porque estaba loca, si me mataba era porque quería morirme, pero cuerda, no loca.

Por primera vez sentí vergüenza ante la posibilidad que estuviera loca. Me dio vergüenza que me muriera y que todos pensaran que me había muerto porque estaba loca y entonces les diera lástima que estuviera loca, no que me hubiera muerto.

Prefería no morirme antes que estar loca. No volvería más a la península.

Unos meses después soñé con ella.

Ya estaba otra vez trabajando en el banco, el médico me había dicho que me dejara de joder que no tenía nada y me había dado de alta. Yo quería estar enferma, muy enferma, por estar enferma no más, no por no querer ir a trabajar. Me reintegré al banco, no tuve opción, porque no estaba enferma.

Soñé con ella un miércoles. Ya era primavera, las hortensias habían florecido.

Estábamos sentadas en el porche, ella no tenía cola, tomábamos mate. No hablábamos.

Pero el cagaso groso me lo pegué un día que se presentó en el banco. Sin la menor señal de cola, caminando lo más campante, con tacos y trajecito, esperando su turno para pedir un crédito. La reconocí al toque, no podía ser otra. Ella no me miraba.

Yo estaba atendiendo a un tipo que había perdido la tarjeta de débito, pero desde el momento que la vi no podía sacarle los ojos de encima. Se levantó cuando le tocó el turno, iba caminando hacia el box de un compañero. Dejé al tipo en mi escritorio solo, vengo en un segundo, le dije, y fui tras ella.

Qué estás haciendo, Verónica, me dije. Fui tras ella y le toqué el hombro antes que se sentara en el box. Giró hacia mí, le dije hola, ella no esbozó la más mínima expresión. Me quedé ahí quieta, ella giró nuevamente dándome la espalda y se sentó frente a mi compañero, quien comenzó a ofrecerle los servicios del banco como si nada hubiera ocurrido.

Qué estúpida y papelonera soy, me dije. Estaba colorada de la vergüenza, pero nadie parecía haber notado lo que acababa de hacer.

Esa tarde cuando salí del banco me fui a la península. Estaba enojada, no sé con quién, si conmigo por ser tan idiota, o con Vu por no hablarme y simular que no me conocía. Ahora aparecé, pendeja, grité cuando llegué al muelle donde la había conocido.

Había una pareja paseando en el puerto esperando la puesta de sol. No me importó que me escucharan o vieran. Vu no apareció. Entonces decidí hacerlo. Tiré la cartera con rabia hacia atrás, no sé dónde cayó. Me até un par de piedras a los tobillos y me tiré.

Cuando llegué al fondo, allí estaba la muy perra, riendo a carcajadas.

domingo, 6 de noviembre de 2011

La cabaña de Vu

La cabaña de Vu se asomaba entre los pinos más altos. Si la observabas a la distancia, un poco oscilaba.

Tenía nueve pisos, ligeramente más pequeños cada vez, pero no como una casita de naipes, sino en vertical, como una colección de cabañitas una arriba de otra que formaba una inmensa torre sobre la cabaña de abajo.

Dicen que la construyó ella misma en más de cincuenta años. Dicen que vivía con una niña que vivía en la parte más alta, pero nadie nunca la había visto. Dicen que el padre de Vu había construido la cabaña original, y que luego ella comenzó con la construcción de la torre cuando él se fue.

Cuando nevaba, la casa de Vu parecía transparente, ya que las paredes estaban casi totalmente cubiertas de vidrio.

Los días de sol se la veía recorriendo de abajo a arriba la casa. Claro que para hacerlo se necesitaba estar en la ladera del cerro con binoculares potentes.

El padre de Vu era un doctor. Dicen que fue al bosque con Vu porque ella necesitaba respirar aire puro, quizás antes estuviera enferma. Dicen que la madre de Vu había muerto cuando ella nació.

Una vez Vu fue la mejor amiga de mi madre en la escuela. Eran inseparables, hasta que ella un día comenzó a alejarse de mamá y de los demás niños del pueblo. Eso fue cuando empezaron con las historias de la niña.

Ella era el personaje de cuentos de terror en las noches de fogatas de los niños. Nadie la había visto, pero dicen que era niña desde que Vu era niña. Dicen que la niña no era de este mundo.

La última vez que vi a Vu, fue en la primavera anterior a que falleciera, comprando artículos de limpieza en el pueblo. Estaba muy anciana, le ofrecí llevarla en mi camioneta, pero con una sonrisa me dijo que prefería caminar.

Llevaba la mercadería en una carretilla. Un ave con el pecho rojo seguía su paso lento hacia el bosque. Quedé mirándola hasta que la perdí de vista.

Pasaron varios meses hasta que en el pueblo supimos que Vu había fallecido. Lo descubrieron unos cazadores, quienes habían llevado unos perros que estaban totalmente fuera de control.

Aullaban, giraban como cachorros jugando con su cola, se revolcaban en la nieve, hasta que repentinamente huyeron entre los pinos en la dirección a la cabaña de Vu.
Allí, los cazadores encontraron a una niña que sólo vestía un camisón mientras tocaba una pequeña flauta sentada en una mecedora bajo la nieve frente a la puerta de la cabaña.

Los cazadores inmediatamente se quitaron sus abrigos y con ellos abrazaron a la niña. Tenía los pies violáceos del frío. Ella sólo los miró y les dijo que Vu se había ido. Ellos no supieron qué preguntarle y ella no dijo más nada.
Llevaron a la niña al hospital.

Dicen que estaban todos aterrados ante su presencia. Era una leyenda siniestra en carne y hueso que había alimentado la imaginación de generaciones de niños. No importaba que esos niños ahora fueran médicos y enfermeras.
La presencia de la niña de Vu allí en el hospital no era buena.

Dicen que la niña les pidió retirarse, porque salvo por la tristeza de que Vu ya no estaba, no había nada malo en su salud.

Dicen que la dejaron ir, pero que un policía la acompañó hasta la cabaña con el fin de preguntarle dónde había enterrado a Vu y cómo había muerto. Pero dicen que no obtuvo respuesta.

Dicen que la niña lo invitó a tomar el té y que el policía aceptó, y que mientras ella hacía el té, él vió una foto de Vu con unos quince o dieciséis años, su padre y la niña con exactamente el mismo aspecto que tenía en ese momento.
Dicen que la niña al verlo con la foto en la mano le indicó que esa había sido su familia más amada.

Él comprendió la extrañeza y anormalidad del asunto, pero sin embargo dicen que su curiosidad fue mayor, y luego de tomar el té le pidió que le mostrara la cabaña.

Allí encontró que en cada piso había un jardín diferente, una huerta, gallinas ponedoras, un viñedo, un pequeño rebaño de ovejas, un trigal, una comunidad de aves, una vieja vaca lechera. Los últimos dos pisos era los más pequeños, el anteúltimo era el dormitorio de Vu y el más alto el de la niña, tal como indicaba la leyenda.

Dicen que el policía ese día regresó al pueblo, pero que al otro día volvió a la cabaña. Dicen que en una mezcla de pena, protección y degeneración, el hombre se enamoró de la extraña niña.
Lo único que se sabe a ciencia cierta es que nunca más volvió al pueblo.

Un día una avalancha destruyó la casa de Vu, cambiando el paisaje del valle para siempre. Desde entonces, la leyenda de Vu y la niña se volvió aún más misteriosa.

Para aquéllos que dudan de lo que una vez existió allí guardo esta foto.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Manifiesto

Intolerante
de la recurrencia, la idiotez y el exceso,
la más soberbia de los soberbios,
la más astuta de los astutos,
la más estúpida entre las estúpidas,
irritable,
desconfiada,
abrumadora en la retórica,
acaparadora de atención,
seductora con la simpatía,
antipática y malhumorada
en el hogar,
exigente hasta la última gota
de sangre propia y ajena.

Sólo quiero
un pueblo blanco
que mire a un glacis
y a un escuadrón
de olivos ladera abajo,
una lubina en el horno
con perejil, limón, oliva
y una estrella a punto de estallar
en el freezer.

Quiero
una picada antes de ir a la playa
en el parque del jardín
bajo las sombrillas azules,
los pies hincando el césped
recién regado,
los chicos
cantando en las hamacas anarajadas.
Salame, mortadela, queso y el asado de anoche.
Cigarras y cotorras en los pinos.

Sólo quiero
inventarte una canción
bajo la sombra del palo borracho
un día a la siesta.

Quiero entregarte
una parte de mi mundo
de letras con puntillo
cada noche, antes de ir a dormir.

Quiero que escribamos
un haiku afilado
mojado por la lluvia
o muerto de sed
que parta al medio cada instante.

Quiero
una trenza en el aire
de jacarandá y lapacho
entre la nieve de espículas.
Quiero
que la primavera nos lleve a una mesa
en los jardines de Hildegarda,
cantemos
que nos llaman el caburé
y que el pescado no nos engañe,
aunque sí el tiempo,
que mientras corra el vino
burle al mediodía.

Sólo quiero
la brisa de la noche
que lleva el aroma sincopado
de madreselva y clarinete hacia el Paraná,
desde un túnel bajo las escalinatas.

Quiero que seas mi transbordador espacial
Quiero que te subas al mío
Quiero que despeguemos ya.

Te ofrezco un voucher por
mi voz en cátedra abierta
la última metáfora de una idea
las brasas de los planes realizados
y los que nunca pienso realizar
las marcas del horno
del aceite
las lágrimas de las cebollas
un mate dulce bien lavado
un tereré con limón
el léxico para la gilada
la elocuencia para la academia
un poema mutante para los que amo
un collage de Stravinsky y Ginastera
una canción de Joaquín Rodrigo
un puzzle de Van Gogh
el personaje maligno de un cuento
o un héroe sin fortuna
un plan para abandonar la civilización
una planta desfallecida en mi única maceta
una idea de último momento
un portal
hacia el universo de los sueños
un clipping de prensa
sobre la humanidad
un camión tanque con proyectos explosivos
una antena parabólica
para mensajes en la noosfera
una teoría que nadie apoyará
una explicación intuitiva sobre la ciencia
un cartel de obreros trabajando
sobre mi asiento en el expreso por autopista.

Lo que quede sin decir
cabrá en el aire de la flauta
en un frullatto entre mis dientes.

domingo, 23 de octubre de 2011

miércoles, 12 de octubre de 2011

Sin civilización

No me detengas
en mi avance enemigo.

seguime
guiame
hacé tu magia india

giro
y robo tu imagen
sin civilización ni gramática

El fuego sólo se apagará
cuando ambos seamos agua.

martes, 11 de octubre de 2011

Margaritas II

Cuando una mujer
que no sabe lo que quiere
se enamora de un hombre
que no sabe elegir
sólo restan las margaritas.

domingo, 9 de octubre de 2011

Felipe


desde hace siete años
has inundado cada hueco
de mi vientre vacío
con tu ternura crujiente,
tu danza de voz cascada

por la que saltan
todas las emociones
desde tus labios
en trenes interminables
de palabras enredadas

y cuando llega el silencio
sólo añoro tus ruidos

Fútbol barroso


rodillas verdes
se llevan el césped del campo
cumpleaños con lluvia

(poema ganador de Literatura Vertical)

Ilustración: Camilla Engman
corre sin piedad
la lengua del tiempo
sobre un chupetín

sábado, 8 de octubre de 2011

Un continente

escapas tan veloz
que apenas te reconozco
huyendo

¿cuándo te despediste?

Me recuesto en la hierba
siento la mullida humedad
bajo mi cuerpo

te veo más pequeño

si supieras
dejarías de huir

cedo-
la gravedad me atrapa
el césped me envuelve

dejo de sentirme-
crezco verde, extensa,
crezco tanto que estoy bajo tus pisadas

no me reconocerías jamás
en mi disfraz de continente

lunes, 29 de agosto de 2011

Somos el inicio
del cuento que inventamos cada noche
sin llegar jamás al nudo.

Así es la eternidad.

domingo, 28 de agosto de 2011

Al final
descubro que la libertad
me ciñe tanto
como la servidumbre me libera
de la responsabilidad de ser.

miércoles, 8 de junio de 2011

Vendedor

desearía
ya no tener las tarjetas
con poesías

que escaparan al fin
de sus manos curtidas

volver al refugio,
tomar una sopa caliente
en la noche de julio

viernes, 29 de abril de 2011

jueves, 28 de abril de 2011

martes, 12 de abril de 2011

hadas

uniformadas
con cuentos olvidados

alas de tiza

vuelan por el pizarrón
hadas de poesía

lunes, 11 de abril de 2011

carne de mono

crujir de hojas
bajo el tiempo pisando
y a su ritmo
el trino de las aves

en el cosmos vacío

materia estelar
nube rosa del alba

que no me sienta

una hierba del monte
en galaxias lejanas

carne de mono
ADN perdido
hechicería

domingo, 10 de abril de 2011

rosada y celeste

baño tibio-
no cierran sus ojos
al sumergirse

risa sin dientes
en cada pestaña
brinca una gota

danzan sus piernas
resbalan en la toalla
abrazo de oso

perfumados
con provecho y colonia
se empapan
una M rosada
una F celeste

jueves, 7 de abril de 2011

sábado, 26 de marzo de 2011

Tiene sabor agridulce
y queda flotando

congela el aire
y se queja como sapo
croando por un mate más.

Es de tímido sabor
como migas
en una caja vacía de bombones.

Es el sonido cansado
que golpea con su último aliento
el pabellón de mi porfía.

Es la nada aturdiendo mis zapatos
estacándome en este momento
. que no se mueve
colgándome de los miedos
suspendiéndome el juicio.

No puedo ver.

domingo, 20 de marzo de 2011

Ni una letra


Si el terremoto destruyó el atajo secreto,
si el silencio voló mi hoja de ruta,
si no veo los anteojos para ver,
si me han hurtado el botón de pánico,
si el cielo es de parches y el aire de quejidos,
si mis alas se repliegan en calambres,
si sólo navego por amores zurcidos,
si no tengo roaming en mis sueños,
si el tiempo transcurrido es un muro que se agrieta tras de mí,
si no restan canciones por vivir
. ni segundos que cantar,
si puedo contar los átomos de mi esperanza con los dedos de una mano,
si me aturde el vacío de tu voz,

sólo quedan palabras para preguntas
. y ni una letra para las respuestas.

sábado, 12 de marzo de 2011

miércoles, 2 de marzo de 2011

Canción para Sofi

Sofi está bajo el árbol
la sombra fresca
en el verano

la brisa suave de la
siesta

sus pies descalzos pisan
la hierba
aún dormidos
cabellos despeinados-
desde el límite
tu rostro luminoso
asomas lentamente

jueves, 17 de febrero de 2011

Talampaya

aves y eco

opulencia carmesí
sombra humillante
custodios portentosos

río seco del tala

miércoles, 16 de febrero de 2011

Seibo

Una madre con escarapelas bermellón y ajustadas trenzas de claveles del aire recuesta a sus pichones en la sombra.

bajo el seibo
florido aire fresco
para la siesta

jueves, 20 de enero de 2011

pastillas de anís
en besos enredados
hierba recién fumada
tu lengua fresca
sobre la mía

miércoles, 19 de enero de 2011

a la provenzal
delicias en mis manos
las conchas frescas

rasgando con los dientes
son el mar en mi boca
No pude huir
de su metal cósmico,
el magnetismo

del café astringente
en sus ojos pequeños.

martes, 18 de enero de 2011

Último insomnio

Soy el último insomnio. Después de mí, vendrá un río caudaloso de ilusiones.

Hoy no dormirás, es tu última noche.
No hablaremos, no haremos nada. Tan sólo estaré aquí.

No permitiré que tus párpados caigan, que tus ojos no vean.

Si es necesario, hablaré, pero sólo quiero abrir las persianas de la ventana de tu dormitorio, para que veas lo que la oscuridad tiene para mostrar.

En la oscuridad
el fulgor es más puro.
No existen sombras

aquello que brilla
la luz sólo lo apaga.

lunes, 17 de enero de 2011

Tarde de verano


Los niños no comprendían que a algunas personas les desagradara la estación veraniega.

Para ellos, el verano es vacaciones, pileta, club, mar o montaña, picnics, paseos en bicicleta al atardecer con refrescos en cantimploras, películas en el cine con pochoclo, tardes con repelente para los mosquitos, noches con aire acondicionado.

Nada del verano podía resultarles amargo, triste o cansador.

Piensen en las flores y en el césped, les había dicho yo. Recuerden cómo se encuentran al iniciar la primavera y lo que les ocurre al llegar el verano cuando el sol no sólo brilla sino lastima con su calor.

El pasto se pone amarillo y las flores se marchitan, descubrieron. Exactamente, no hay pochoclos en el cine ni refrescos en cantimploras para ellas.

Encerrados en su habitación con aire acondicionado en veintidós grados, una ducha fresca recién tomada, ella en bombacha y él calzoncillos, los observo jugar con la consola de videojuegos.

Sin desenredar,
el cabello húmedo
chorrea por la espalda desnuda.

Las persianas continúan abiertas, pero las cortinas gruesas nos preservan del agobio de una tarde de verano sin pileta.

El grito ronco de las chicharras entra en pequeños espacios de silencio del videojuego de Mickey. El motor del aire acompasa los segundos que pasan lentamente.

viernes, 14 de enero de 2011

soberano tatuador

al beso me lo robaste, porque supuestamente no te lo había ofrecido, creo.

fue como si nada, hola qué tal, justo bajaba para abrirte, pero un vecino me había abierto la puerta de entrada, y muak, el beso. me miraste de arriba abajo, elogiaste mi elección de vestuario. entramos a tu cárcel.

me preparaste un trago, charlamos como viejos amigos, reímos como si el tiempo jamás hubiera pasado desde la última vez.

ni bien tuviste la oportunidad, de la manera que mejor tenés, me dejaste en claro quién sos vos, por si me había olvidado.

así retomamos la comunicación interrumpida por el molesto ruido de la vida y el ego, para estar totalmente en sintonía nuevamente.

nunca te detuviste, mis súplicas para que lo hicieras comenzaron a causarme gracia, mientras a vos más te impulsaban a seguir. te nombré por todos tus nombres pero no me respondías, quizás porque sabías que no quería que lo hicieras.

no era sorpresa, pero me sorprendiste. sabía que sos un malabarista, un brujo. y la magia de esa noche fue de alta hechicería. por supuesto perdí la cuenta, desde el principio. fueron las estrellas del cuadro que insistís en pintarme.

cuando el sol salió, cerré la ventana de la celda, para continuar la noche, que llegó hasta el mediodía.

hiciste fallar los despertadores, falté a mis obligaciones, voluntariamente secuestrada, ciega, ardiente, arrastrada por tu delirio frenético.

cada una de mis células te responde como si fueras el amo y como si fuera poco, estoy totalmente tatuada. no tengo más rincones en todo mi ser que no hayas dibujado, que no sigas coloreando cada vez, para que no me confunda, para que se sepa quién es el patrón.

sos el más hábil tatuador, legítimo soberano de mis tierras y mares.

Hornero, no descifras
el haiku cortando el aire-
los kanji en el cielo
escritos en bandada
con plumas migratorias.