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jueves, 30 de diciembre de 2010

Hechicero


Sos la ráfaga de otoño
que despeina mi cadena de ADN,
me abandona
con un aroma a madera en la nariz,
para volver jugando a la primavera,
y despertarme a media noche 
como conejo saliendo de tu galera.

Sos la cascada fresca
en el mate tereré
de mi verano cítrico
que se toma un respiro para siempre.

Sos la caricia ronca
en mi lomo escamoso,
la poción mágica
sobre mis rasguños inventados,
el extintor siempre a mano
para mis incendios verborrágicos
sin verbos,
el líquido de frenos
y el taller de reparaciones,
la madriguera donde puedo huir,
desaparecer,
hacerme un lifting de ego.

Sos el pentagrama
para mis ideas de fuego y humo,
el cazo donde mis sueños
se apretujan como el vacío.

Sos el lapacho
que me cura bajo su manto rosa.

Desde tejados y terrazas
cualesquiera,
sos el ultrasonido,
la conexión infrarroja
que me precipita a tierra
en acrobacia disfrazada
de aterrizaje y danza ritual
que salva por un día
a mi GPS que perdió
eternamente la cordura.

Sos el código morse
de lo que decidimos no pronunciar
para lanzarlo al universo
y decirme
Te lo dije.
Cascada fresca
sobre desierto verde,
mate sin curar.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Barajas del Destino

Cada día el palacio del Destino es visitado por alguien nuevo que intenta desafiar al amo del tiempo. En cada ocasión, a la vez aburrido por la monotonía y animado por la ironía, el Destino da a elegir a cada persona un naipe entre las Barajas del Tiempo.

Reiteradamente, con tono grave y serio, la gente observa cada una; Gozo, Paz, Angustia, Sufrimiento, y sin dudar un instante, llevan el naipe de Gozo. Algunos eligen Paz, pero nunca hubo alguien que escogiera el naipe de Angustia o Sufrimiento.

No obstante, el naipe de Gozo o Paz sólo permanece unas escasas horas luego de salir del palacio, ya que las personas sólo piensan en que la baraja no cambie, y al hacerlo, se angustian. Al dar las doce de la noche de ese día, cada naipe cambia a Angustia.

En ese mismo instante les invade una profunda congoja que oprime sus pechos como retirándoles el aire para respirar. A partir de ese día, cada noche esperan que se hagan las doce para observar si el naipe cambia de baraja, pero eso nunca ocurre, por más intentos que realicen de organizar fiestas o viajes que les traigan la alegría.

La Angustia no sólo no se va, sino que para el final de los días, sólo queda el Sufrimiento.

Una vez, un anciano, harto de tanta Angustia y Sufrimiento, decidió regresar al palacio del Destino para regresarle el naipe.

Muy bien, le había dicho el Destino, divertido por el inútil esfuerzo del viejo que había consumido su vida buscando la felicidad. El hombre se sentía muy desdichado y ya no podía soportar una noche más observando al despótico naipe que controlaba su vida.

Esa noche, al recostarse en su cama con su esposa, sintió un profundo alivio al no tener el naipe. Una sonrisa se dibujó en su rostro y pudo sentir, luego de muchos años, Paz.

El día que continuó a esa noche transcurrió apaciblemente, él mostraba un humor inmejorable, ante la sorpresa de sus familiares, que lo conocían como un viejo amargado y triste. En su pecho crecía un bosque de pinos en cuya sombra descansaba su corazón agitado.

Los días de Paz continuaron, alternándose con Gozo sin que el anciano supiera qué le aguardaba el día siguiente. Intentaba no pensar en el tiempo perdido sin quitar un ojo del naipe cada noche cuando se hacían las doce, porque en el momento en el que lo hacía, sentía cómo la tan conocida Angustia comenzaba a asomarse por los rincones.
Sintiéndose completamente feliz, regresó una vez más al palacio para agradecerle al Destino por haberle aceptado el naipe.

El destino le dijo:

Soy como un río que fluye, nunca soy el mismo, nunca puedes contenerme, nunca puedes predecirme, me construyo a cada instante. En el momento en el que se deseas dominarme, me estanco, no avanzo, me detengo donde menos deseas que lo haga.

Eso ocurrió cuando tenías el naipe. Deseabas tanto salir de tu Angustia que era imposible que lo hicieras. Sólo cuando te resignaste a controlar tu destino, éste comenzó a fluir.

Tardaste, pero fuiste humilde y sabio. Hay quienes lo descubren inmediatamente, hay quienes no lo hacen nunca. Tú abandonaste el mando de tu destino y comenzaste a ser feliz.

El anciano vivió muchos años más y tuvo la oportunidad de enseñar a sus nietos y bisnietos su experiencia. Para que en la Angustia y el Sufrimiento, sólo dejen fluir el tiempo sin presiones, como un río que pasa por unas rocas y se embrolla, para luego calmarse. Y para que en momentos de Gozo y Paz, disfruten cada instante, porque no se sostendrán mucho tiempo más, ya que nunca los caminos del río del destino son llanos.

Les enseñó que el destino no es inmutable, no es el verdugo del tiempo que azota con su dictamen inexpugnable. El destino es cada gota que se mueve hacia el mar o que se instala en un remolino para siempre.

El destino es danzar al ritmo de la vida, sabiendo que sólo poseemos un naipe para jugar cada día.

domingo, 5 de diciembre de 2010

como las nubes
que indecisas me rozan
me rodeas, proyectas
me abandonas
me dejas libre
en su plenitud
el anillo vacío
está brillando otra vez;
preguntas de luz
en torbellino