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domingo, 14 de septiembre de 2008

Pasión y cruz

Rondo a tu alrededor, soy cazador pero me siento aire. Te siento desde una ruta distante, por el momento.

Te vas distraída, inadvertida del cruce de destino que ocurrirá pronto. Al volver, te acercás callada. Te pienso tímida, pero te observo. Alguien pregunta si hablás nuestro idioma. Reímos.

Las palabras surgen suaves, fluyen. De repente todo se acomoda, desaparecen los accesorios ya innecesarios, el fondo se borra y estamos solos. Un instante atrás éramos aire, ahora somos carne.

Ya vuelvo.

Desde el sillón tu cuerpo reposa y me aguarda; la caja de té, quizás vacía, confabula en la mesada. El reloj, que marca la hora de algún lugar, cuenta los segundos que acechan. El té ya es un fantasma inútil.

Mis pies vuelan, soy luz, el frío de la calle no está. Vuelvo al sillón y a vos, te encuentro cálida, suave. Me invitás a taparme con mi colcha, me templás, somos pura piel. Trotás ágil, beso tu cuerpo, todo el tiempo, me gusta descubrir que me gustás toda. Seguís, bailás, bajás, salís, entrás, te deslizás, tu pecho en mi cara. Entonces quiero yo, me gusta la marca del traje de baño, pierdo el juicio y no puedo parar.

Explotamos, caemos, desmayados en un infierno delicioso que me colma pero me agobia. Es una aflicción irrefrenable. Un cigarillo. Otro.

Fue una condena desde el momento cero. Los cigarrillos en una mano supondrán siempre que la otra toca tu cuerpo. Y no podré abandonarlos. Me perseguirán, serán la memoria de la pasión. Serán la cruz.

Inhalo, piernas que se enredan, exhalo, tus manos en mi pecho, inhalo, el aroma de tu piel, exhalo, tus labios, inhalo, pesadilla, exhalo, lo apago.

El juicio está perdido desde el principio.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Soy holocausto

Como un gusano, como una criatura inmunda, repelida.
Me arrastro en la tierra, me ensucio, me pisan, mutilan, yo continúo.
Continúo.

Como hoja seca, muerta, usada, inútil. Caigo en la tierra, muero.
Simplemente muero.
Soy abono.

Hay veces que puedo sentirme nacer, luego.
Otras veces.

Me agradaría la sensación cada vez que revivo
si sólo pudiera evitar lo anterior.

Cuando soy abono soy muerte. Soy holocausto.

Desde que entendí mi para qué
todo se trata de entregarme.
De cumplir.

Mi para qué es mandato, naturaleza.
Es no entendimiento, sino compulsión.

Comprendo que debo ser muerte
que debo volver a las minas oscuras
a los corazones de los volcanes
sentir el calor del sacrificio
y pasarlo.

Comprendo pero no siento.
Estoy vacía. Soy cráter.
Pozo estéril.

Abono es el mejor modo de decirlo.