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lunes, 1 de diciembre de 2008

Hace seis años - Hora cero 2

Hace seis años, un día gris y fresco como hoy, extraño para un primero de diciembre, volví a casa luego del mayor fenómeno natural que le puede ocurrir a una mujer.

Cuando pienso en la persona que, como se dice, me hizo mujer, no puedo pensar más que en esa personita que amo tanto, mi princesa. Ella me hizo mujer, y ella fue, quien inspiró este relato que sigue expresando de la misma manera el sentir de ser mamá, Hora Cero.

Porque no soy de Independiente, y no me gusta el fútbol, quiero aclarar que mi princesa, que descansaba plácidamente a pesar de los bombos y los cantos en la esquina de casa, fue quien ha perpetuado en mi memoria ese hecho, con el que sólo compartía el festejo, aunque el mío era silencioso y adorablemente Dependiente.

Lo reitero en este post.



Ya es lunes, y ayer salió campeón Independiente. Nunca lo olvidaré.

Quedan unos pocos bombos sonando con cantos perdidos en la calle. La tarde emborrachó de rojo a espíritus dormidos en la triste espera. Una espera más larga que el recuerdo. Hoy la sangre corrió con ese torrente de roja pasión, en baile, coro y llanto.

La mayor alegría es la inesperada, la que se teme sentir, por miedo a nunca encontrarla. Y hoy hubo un campeón que despertó de su letargo en este pueblo. Un pueblo absorbido por la ciudad grande vecina, inundado de mugre fabril, olvidado en un pasado de historia y orgullo.
Historia y orgullo tapados.

Me asomo entre las cortinas del balcón. Borrachos literales siguen deambulando. Los simbólicos ya están guardados con sus corazones llenos. Imagino.

La esquina comienza a despejarse, quedan los papelitos volando con el pasar de los últimos autos.
El calor ya pasó, pero aún sigue templando el fresco de la noche que sería aún más fría.

Corro la cortina. Pero decido no ir aún a la cama. Para saborear un poco más las sensaciones.
Ahora que se fue la gente, que estamos mi corazón y yo, vamos a disfrutar solos. Respiro.

Dos días atrás entendí la teoría de cómo sería sentir esto. Creí vivir la magia de antemano. Sufrí en el medio, pasé un infierno de hielo seco en las venas. Y al final, el premio mayor. Una experiencia imposible de transferir.

Después de tantos años de vivir encadenada a esperanzas y frustraciones, surgió una promesa. Una semilla en tierra fértil.

Jamás olvidaré a Independiente campeón, vibrante en las calles, con el rojo burbujeando por la piel. La locura, el gentío, el tiempo vertiginoso que parece congelarse, en cámara lenta, irreal. Y la nueva sensación.

Me veo en mi camisón abotonado para amamantar, recostada como puedo en mi sillón rojo ultra moderno, pero no me siento ultra moderna. Me siento ultra mujer.

El sábado, antes de la última contracción, Tito me había dicho “¡Dale que en la próxima nace!”. Como si no lo hubiera sabido desde antes, sólo en ese instante caí en la cuenta que mi nena nacería porque yo habría de pujar, ese día, a esa hora. Desde entonces que estoy en tiempo frenado.

Desde una ventana, mirando la sucesión de caras y sonrisas, flores, llantos y besos. Un cordón que se cortó. Una niña y yo.

“Olvidate de dormir. Se te terminó la libertad.” Me dijeron.

Creí interpretar esas palabras de un modo. Pero ahora, que no deseo dormir, ni deseo libertad, entiendo lo que significa.

“Siempre estarás despierta. Estarás atada a esta niña toda tu vida.” Me dije.

La casa me recibió con otro aire, otro color en las paredes. Cada cosa en cada lugar pidió permiso para festejar y ya nada estaba donde lo había dejado. Bello caos triunfante.

Ya todos se fueron. Las cosas están donde quedaron. Me siento inundada por el universo entero, olvidada de mi identidad. Borracha por sorpresa de amor. Mi espíritu, despierto como nunca.

Escucho a mis venas corear, mi cuerpo festeja. Ha hecho historia.

Y mi pecho se expande de rojo.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Vos las tenías todas

Los he tenido de pocas letras
y también de las más variadas.

Algo era, pero no sé qué buscaban
ni qué encontraron en mí.
Quizás buscaban una letra
pero vos no.

Vos las tenías todas

el único hombre con todas las letras.

domingo, 12 de octubre de 2008

Adicta

Poesía es la metáfora innecesaria
es el color de los grises, del blanco, negro.

el aire que atraviesa
la explosión que inunda

no funciona nunca
jamás soluciona o alivia.

Y yo soy adicta.

miércoles, 1 de octubre de 2008

No vale patear

Te escucho atenta. Analizo tus movimientos, entro en tu torrente eléctrico. Comprendo la magnitud de tu jugada, la tenés estudiada. Sabés que yo soy impulso, cuando veo la salida me muevo veloz.

Te propongo que preservemos la memoria de un buen pasado, porque no tenemos futuro. Lo que fui una vez, fue esa vez. Reloj.

Ni se te ocurra pensar que puedo volver a ser la de antes, aunque no miraré lo que debí mirar, no preguntaré lo que debí preguntarte, seguiré dejando pasar lo que una vez pasó.
Sigue sin interesarme el control. Reloj.

Soy la misma, pero ya no hago concesiones. Ni se te ocurra soñar con tener el mismo chirimbolo, apéndice que fui para vos. Jaque. Reloj.

Ni se te ocurra pedirme nada, soñar, jugar, manejar, apostar, mover una ficha más. Ni se te ocurra creer que volveré a ser peón.
Soy reina y fue tu última movida. Jaque mate. Reloj.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Pasión y cruz

Rondo a tu alrededor, soy cazador pero me siento aire. Te siento desde una ruta distante, por el momento.

Te vas distraída, inadvertida del cruce de destino que ocurrirá pronto. Al volver, te acercás callada. Te pienso tímida, pero te observo. Alguien pregunta si hablás nuestro idioma. Reímos.

Las palabras surgen suaves, fluyen. De repente todo se acomoda, desaparecen los accesorios ya innecesarios, el fondo se borra y estamos solos. Un instante atrás éramos aire, ahora somos carne.

Ya vuelvo.

Desde el sillón tu cuerpo reposa y me aguarda; la caja de té, quizás vacía, confabula en la mesada. El reloj, que marca la hora de algún lugar, cuenta los segundos que acechan. El té ya es un fantasma inútil.

Mis pies vuelan, soy luz, el frío de la calle no está. Vuelvo al sillón y a vos, te encuentro cálida, suave. Me invitás a taparme con mi colcha, me templás, somos pura piel. Trotás ágil, beso tu cuerpo, todo el tiempo, me gusta descubrir que me gustás toda. Seguís, bailás, bajás, salís, entrás, te deslizás, tu pecho en mi cara. Entonces quiero yo, me gusta la marca del traje de baño, pierdo el juicio y no puedo parar.

Explotamos, caemos, desmayados en un infierno delicioso que me colma pero me agobia. Es una aflicción irrefrenable. Un cigarillo. Otro.

Fue una condena desde el momento cero. Los cigarrillos en una mano supondrán siempre que la otra toca tu cuerpo. Y no podré abandonarlos. Me perseguirán, serán la memoria de la pasión. Serán la cruz.

Inhalo, piernas que se enredan, exhalo, tus manos en mi pecho, inhalo, el aroma de tu piel, exhalo, tus labios, inhalo, pesadilla, exhalo, lo apago.

El juicio está perdido desde el principio.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Soy holocausto

Como un gusano, como una criatura inmunda, repelida.
Me arrastro en la tierra, me ensucio, me pisan, mutilan, yo continúo.
Continúo.

Como hoja seca, muerta, usada, inútil. Caigo en la tierra, muero.
Simplemente muero.
Soy abono.

Hay veces que puedo sentirme nacer, luego.
Otras veces.

Me agradaría la sensación cada vez que revivo
si sólo pudiera evitar lo anterior.

Cuando soy abono soy muerte. Soy holocausto.

Desde que entendí mi para qué
todo se trata de entregarme.
De cumplir.

Mi para qué es mandato, naturaleza.
Es no entendimiento, sino compulsión.

Comprendo que debo ser muerte
que debo volver a las minas oscuras
a los corazones de los volcanes
sentir el calor del sacrificio
y pasarlo.

Comprendo pero no siento.
Estoy vacía. Soy cráter.
Pozo estéril.

Abono es el mejor modo de decirlo.

jueves, 28 de agosto de 2008

Cama sin hacer

Decime algo lindo así sueño con vos.

Por las tantas cosas lindas que siempre te digo.

Sueño con vos bajo el sol de Bolivia, te llevo en mi mochila, entre la ropa arrugada, en la caja de la camioneta que nos levantó en el camino.

Río mientras cierro los ojos, los extraños me miran, pero ya se están acostumbrando a mí. Quizás pueda compartir el secreto con ellos, quienes me toleran como a un viejo familiar incorregible.

Tu mano me tapa la cara, tu cuerpo se hace a un lado, reís, me insultás, veo nuestros cuerpos en el espejo.

Decime algo lindo, que estoy soñando con vos.

La pick-up salta en el camino de ripio, se oyen las chapas viejas crujir. Beso tu nuca, sin correr tu cabello. Tu aroma a piel fresca me adormece. Siento el sabor de tu boca. Te pido casamiento de memoria.

El sol arde, con las chapas; yo floto en un lago dentro tuyo. Navego sin destino, sin querer jamás llegar a alguno.

Nunca hicimos nuestra cama, como presagio para revisitarla incansablemente en sueños. La cama siempre nos espera, ilusa, medio deshecha y a medio hacer, invitándonos a volver.

Las ruedas siguen abriéndose paso entre las piedras, la tierra vuela, como estela de una barca matunga. El aire caliente me azota el rostro ya curtido a fuerza de insistir en este clima cruel.

Un clima que sos vos, agitando impiedad pura sobre mí.

domingo, 24 de agosto de 2008

Mate recién curado

“Buenos días, ¿hablo con la señorita Anabel Jiménez?” Con ella hablaba.

“Mi nombre es Roberto Giordano, me comunico con usted para informarle que ha salido favorecida en el sorteo de un Ford Ka cero kilómetro. ¡Felicitaciones Anabel!” Obviamente me estaba cargando.

Hacía un mes que estaba con la quimioterapia, y evidentemente no frecuentaba la peluquería. Muchísimo menos la de Roberto Giordano, cuya tarifa por el corte del pelo que ya no tenía, quizás excediera los medicamentos que me lo hicieron caer en primer lugar.

En última instancia, suponiendo que hubiera ido a la peluquería y hubiera participado en el sorteo por el auto, ¿qué chances tendría de ganar? Y aún en ese caso, ¿qué chances tendría que el mismísimo peluquero estrella me llamara para informármelo?

“¿Usted se compró una plancha en el último mes?” Este tipo seguía tomándome el pelo. Valga la ironía. ¿Para qué querría yo una plancha de pelo?

Le corté. Estaba furiosa.

Tenía 20 años recién cumplidos y hacía 45 días me habían extraído un tumor de glándula pineal que me descubrieron por gracia de la providencia luego de unas fuertes jaquecas que sólo podía atribuir al stress previo a la época de exámenes.

Si había algo que no necesitaba en ese momento era un gracioso con tiempo libre y ganas de gastar dinero en llamadas telefónicas.

Encendí un cigarrillo. Lo apagué sin siquiera darle una pitada.

Cargué la pava con agua y la puse al fuego. Saqué el mate de palo santo recién curado de la alacena, le puse yerba, unas cascaritas de naranja y un poco de azúcar. Me senté en la mesa de la cocina a esperar que el agua tomara la temperatura justa.

Y sobre la mesa, la caja de la plancha ATMA que mamá había comprado sin que lo supiera. Un calor me recorrió el cuerpo. Una alegría inesperada.

El teléfono volvió a sonar. Seguro que era Roberto Giordano.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Creo

En la espiral de cuentas
por cobrar y pagar
los cheques diferidos
y los sin fondos.

En las esperas
en salas sin revistas
(ni música, ni tele).

En las esperas sin anestesia con una promesa.

Y creo,
por sobre todo lo demás,
en la libertad de inventar nuestro pasado
de sobrevivir nuestro presente
y de sonreir cuando queramos
a nuestro futuro revivido hasta el cansancio.

Sábanas negras

El destino no tuvo mejor idea para tu luto, que regalarte una cama vestida con sábanas negras. Sábanas negras con muy poco luto.

Aún enredada en mis piernas, de las que aún no podés liberarte, por gusto no más, mirás por la ventana. Sonreís, quizás ves los fantasmas en el estacionamiento de abajo. El tuyo y el de quien ya fue.

El viento silba contra los vidrios. Afuera está frío.

Te recostás sobre mi pecho, sentís como se va calmando la agitación. Beso tu cuerpo con las yemas de mis dedos. Suavemente giro, acariciás el mundo de mi espalda, descubrís el tatuaje. Me abrazás y nos cubrimos con las sábanas.

Pienso en que repetidamente ellas te vieron pasar, sin que vos pudieras verlas; las sábanas conspiraron. Porque por mi ventana debería haberte sabido, y ellas callaron, cómplices.

Pensar que buscabas sábanas negras, y las tenía yo, en mi planeta 8C.

El orden, una vez más, te lleva de las narices para ahora traerte arrastrándote hasta mí. Una vez más te da lo que busques, lo quieras o no. Te da aunque no haya razones, y creo que nunca tenés los porques para mis por qués.

Ante los fantasmas, vine con tu marca en mi espalda, y mucho más que las sábanas que buscabas.

Las sábanas dieron la pincelada final al luto. Y con alegría repetida terminaste tu mandala.

Gracias desilusión, por liberarnos de las ficciones.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Seguirá

Quisiera pensar que todo seguirá.
Que seguiremos.
Quisiera soñar que yo cambiaré, yo por todos.
O alguien.

Si pudiera cambiar,
haría caso a los consejos
seguiría los otros pasos
me arrepentiría
dejaría de sentir
de vibrar
dejaría de

elevarme, caer,
morir, nacer,
resucitar.

Todo seguirá,
como sea, pero seguirá.

Aunque no queramos seguirlas,
las rutas están trazadas.
No las sigamos.

sábado, 2 de agosto de 2008

El astronauta

Quedé en llanta. Tras la loma aquella, en el trasero del mundo.

Estaba entre esos dos personajes, bien dispuestos pero fuera de su ámbito de especialidad. Yo en el medio, inútil como buena mujer. Y ellos, gauchos, sacándome del paso.

Te oí venir. Viniste preanunciado por una sinfonía metálica. Me hipnotizaron tus partes extras de vestimenta, cuya función me era imposible descubrir. Había metales colgando por tu pecho, tus caderas, tu espalda.

¿Qué era lo que llevabas en los tobillos? No podía descifrarlo.

Mi mirada te frenó. Me hablaste, pero yo seguía escudriñando cada rincón de tu indumentaria. Creo que me reí, un poco, y luego seguiste tu camino con muchos clanks y una sonrisa.

Los pobres tipos seguían renegando en vano. Yo mientras, pensaba si preparar torta, licor de naranja o budín inglés para traerles en agradecimiento. No por su eficiencia, sino por su empeño.

Al cabo de una hora, o más, desde atrás, como un pasaje musical Wagneriano, te sentí volver. Hablando desde lejos. Haciendo una broma y una sugerencia.

En un pim pam pum solucionaste el conflicto que tenía en danza a los dos infelices, reprendiste mi desconocimiento, me enseñaste a hacerlo, y lo hiciste.

Me gustó tu voz, la música de la llamada que no atendiste, tu extraña elegancia, tu masculinidad estilo MacGiver, todo.

Cuando te pregunté tu nombre, y si te gustaba el budín inglés, me dijiste que preferirías otra cosa.

Reí, pero sabía que cuando volviera, llevaría dos presentes comestibles, y otra cosa más.

lunes, 21 de julio de 2008

La borracha y la dama del caniche.

Mariana tenía más alcohol del que había calculado.

Ya sé que no sirve que explique por qué le dio semejante graduación en la prueba de alcoholemia. Sé que no sirve decir que se sentía menos borracha que en otras ocasiones.

Pero es peor decirlo, y no quiero arruinar su buena reputación.

Quisiera decir a su favor, que una vez en la que estaba totalmente mareada, lengua arrastrada, visión reducida, pasó la prueba con un sobrecito de azúcar que le habían dado instantes antes de exhalar.

Pero sería peor, y no quiero destruirla.

Entiendo que cada palabra que agregue empeoraría su defensa, así que no diré más. Porque mi relato no nace del despecho, sino del derecho.

Le llevaron el auto, a dos cuadras de llegar a la casa de Elina, su amiga con quien compartieron la salida, la noche del día del amigo. Ella había tomado mucho más que Mariana, pero como bien le puntualizara, ella no manejaría.

Caminaron hasta la casa de Eli, indignadas. Su amiga la aleccionaba sobre los papeles que deberían preparar para buscar el auto al otro día, sobre lo que tenían derecho a exigirle y lo que no. Ella la escuchaba, cabeza gacha, mientras enviaba un mensaje de texto.

“¿A quién le estás escribiendo?”, le preguntó. Mariana le contestó, y Elina hizo una mueca.

Llegaron a su casa, se pusieron los piyamas y Mariana durmió. Elina le diría más tarde que casi no pudo dormir de la preocupación.

Tres horas después, se despertó con el sonido de la ducha abriéndose en el baño. Comprendió que Eli ya se había despertado. Instantáneamente Brenda saltó a su cama y, ante su asombro, se metió bajo las sábanas para quedar acurrucada entre sus pies.

Ya eran las nueve y media.

Se vistieron, salieron a la calle las tres, Elina, Brenda y ella, a sacar las fotocopias que deberían llevar al corralón; el seguro, la tarjeta verde, su cédula de identidad, su carnet de conducir, la patente del auto. Pocos kioscos abiertos y varias cuadras le sirvieron a Brendita para hacer más necesidades de las que tenía.

Y ni un taxi. A la madrugada habían asesinado a otro taxista. Así que había una especie de paro. Cuarenta minutos esperando.

Al llegar al corralón, había unas diez personas sentadas en la sala de espera. Se anunciaron y al ser recibidas, entregaron los papeles que traían preparados. Todo en orden. Las invitaron a pasar al estacionamiento de los automóviles incautados para realizar la revisión técnica de su auto. Controlaron las luces de stop, los guiños, la baliza. Encendió el motor. Todo bien.

Volvieron a la oficina, les indicaron que esperaran en la sala de espera y que retendrían su licencia de conducir por quince días como mínimo, incluyendo ese día, con lo cual no podría salir manejando.

Eso además de pagar una multa equivalente al veinticinco por ciento de mi salario.

Con Elina con su carnet vencido, Brenda sin saber conducir, y ella inhabilitada para hacerlo, la única opción que tenían era llamarme. No sabían que esa altura yo había dormido aproximadamente unos treinta minutos después de la fiesta de diez horas que había tenido.

Por supuesto no les contestaba el teléfono. Mariana entró al despacho de la jueza a terminar los papeles, y quedó su amiga intentando desesperadamente comunicarse conmigo.

Ya habían pensado que de no ubicarme no quedaría más remedio que llamar a quien había recibido (y contestado) su mensaje de texto a la madrugada.

Terminado el asunto con la jueza, cuyo resultado fue, tal como les habían anticipado, su licencia de conducir retenida y la multa a pagar, quedó hecho el registro en los cómputos de todo el país que desde ese día, para todo aquel que consultara, ella sería una conductora irresponsable que bebe cuando conduce. De reincidir le retendrían el carnet por un lapso de entre uno a cuatro años, y una multa entre 100 y 200% superior a la que debía pagar en esa ocasión.

Como entre sueños, oí por primera vez mi teléfono sonar. Luego me dirían que esa fue la llamada número veinte. Sin entender dónde estaba, ni quién me llamaba, me indicaron que de modo urgente debía ir al corralón municipal a buscar a mi hermana, quien estaba inhabilitada para conducir por haberlo hecho en estado de ebriedad.

Me causó mucha gracia la noticia. Mariana es una profesora de geografía, madre soltera de un hijo. Si bien es una bebedora social regular, nunca había estado en una situación como esa, que es mucho más esperable en mi vida que en la de ella.

Al llegar al corralón, luego de varios minutos esperando un taxi que tardaría en aparecer, caminando como podía, mirando entre las pestañas de los ojos que apenas podía abrir, vi muchas personas en la sala de espera; mayormente hombres, y una mujer de aproximadamente la edad de mi hermana con un perro caniche a upa. Primero me pregunté quién sería esa loca que fue a buscar el auto con el perro, pero luego, al mirarme y levantarse para saludarme, comprendí no sólo que yo debería conocerla, sino que estaba con mi hermana.

Obviamente, me dije: loca uno y loca dos.

“Vení por acá”, me dijo. “¿Vos estas bien? Porque tenés que manejar.”

“Por supuesto”, le dije mintiendo, con cierto delay entre los fonemas. Nunca en mi vida me había sentido en peores condiciones para conducir.

Alguien abrió una puerta, era un hombre bajito de anteojos que hablaba rápido. Mariana me saludó, y creo que se dio cuenta inmediatamente de mi estado, por su mirada con los ojos tan abiertos, quizás queriéndome decir que no abriera la boca.

En un momento en el que el tipo de anteojos, quien seguía hablando, giró dándonos la espalda, Mariana frunció la nariz abriendo aún más los ojos, y me dijo por lo bajo “Boludo!”, con una “u” muy larga.

“¡¿Que?!”, le dije, simulando no comprender a qué se refería.

Luego se referiría a ese “boludo” como la expresión que le saldría al experimentar mi tsunami alcohólico cayendo sobre su sentido del olfato y el de todos los presentes en esa oficina.

Como en un teatro del absurdo. Todos sabían que yo conduciría, sin que alguien pudiera evitarlo. Borracho, pero supuestamente sobrio.

Me hizo jurar que no contaría a nadie sobre este asunto. Y he cumplido mi palabra hasta hoy.

Qué pena que no pudo pagar el precio de mi silencio.

miércoles, 16 de julio de 2008

Es luz

vendedora de pastelitos
vendedora de pastelitos,
originally uploaded by MariuquiM.
Es la luz por la ventana
las hojas frescas
el rocio
la hierba

un atardecer tras la montaña
tu cabello al viento
tu risa loca

tu alegría en la mañana
o tu mal humor

tu mano en mi piel
mirada intensa
llanto suplicante
labios suaves sobre mi boca

tenerte contra mi pecho,
reír juntas

inventarte una canción
para dormir la siesta

jugar en la arena fresca
del río

bailar
verte andar tambaleando

oirte
cantar
balbucear
decir “mamá”.

martes, 15 de julio de 2008

Pronósticos y sorpresas

Nunca sorprendiste a mis pronósticos, pero me sorprendiste a mí.

Creo que cuando me fui, hecha una furia, loca, herida de muerte por una astilla, estaba cumpliendo tu pronóstico. Y al hacerlo, te sorprendí.

Esperé que vinieras con tu ambulancia a mi rescate. Pero te quedaste, con tus cigarrillos porfiados y tu fuerza centrípeta, que esa vez me eyectó.

Y nos quedamos cada uno con todos los pronósticos cumplidos, una astilla en el alma y un tornado interior.

Cambiando pronósticos en sueños y esperando sorpresas que no vendrían jamás. Hasta que llegue el día.

domingo, 6 de julio de 2008

Hora Cero.

Ya es lunes, y ayer salió campeón Independiente. Nunca lo olvidaré.

Quedan unos pocos bombos sonando con cantos perdidos en la calle. La tarde emborrachó de rojo a espíritus dormidos en la triste espera. Una espera más larga que el recuerdo. Hoy la sangre corrió con ese torrente de roja pasión, en baile, coro y llanto.

La mayor alegría es la inesperada, la que se teme sentir, por miedo a nunca encontrarla. Y hoy hubo un campeón que despertó de su letargo en este pueblo. Un pueblo absorbido por la ciudad grande vecina, inundado de mugre fabril, olvidado en un pasado de historia y orgullo.
Historia y orgullo tapados.

Me asomo entre las cortinas del balcón. Borrachos literales siguen deambulando. Los simbólicos ya están guardados con sus corazones llenos. Imagino.

La esquina comienza a despejarse, quedan los papelitos volando con el pasar de los últimos autos.
El calor ya pasó, pero aún sigue templando el fresco de la noche que sería aún más fría.

Corro la cortina. Pero decido no ir aún a la cama. Para saborear un poco más las sensaciones.
Ahora que se fue la gente, que estamos mi corazón y yo, vamos a disfrutar solos. Respiro.

Dos días atrás entendí la teoría de cómo sería sentir esto. Creí vivir la magia de antemano. Sufrí en el medio, pasé un infierno de hielo seco en las venas. Y al final, el premio mayor. Una experiencia imposible de transferir.

Después de tantos años de vivir encadenada a esperanzas y frustraciones, surgió una promesa. Una semilla en tierra fértil.

Jamás olvidaré a Independiente campeón, vibrante en las calles, con el rojo burbujeando por la piel. La locura, el gentío, el tiempo vertiginoso que parece congelarse, en cámara lenta, irreal. Y la nueva sensación.

Me veo en mi camisón abotonado para amamantar, recostada como puedo en mi sillón rojo ultra moderno, pero no me siento ultra moderna. Me siento ultra mujer.

El sábado, antes de la última contracción, Tito me había dicho “¡Dale que en la próxima nace!”. Como si no lo hubiera sabido desde antes, sólo en ese instante caí en la cuenta que mi nena nacería porque yo habría de pujar, ese día, a esa hora. Desde entonces que estoy en tiempo frenado.

Desde una ventana, mirando la sucesión de caras y sonrisas, flores, llantos y besos. Un cordón que se cortó. Una niña y yo.

“Olvidate de dormir. Se te terminó la libertad.” Me dijeron.

Creí interpretar esas palabras de un modo. Pero ahora, que no deseo dormir, ni deseo libertad, entiendo lo que significa.

“Siempre estarás despierta. Estarás atada a esta niña toda tu vida.” Me dije.

La casa me recibió con otro aire, otro color en las paredes. Cada cosa en cada lugar pidió permiso para festejar y nada estaba donde lo había dejado. Bello caos triunfante.

Ya todos se fueron. Las cosas están donde quedaron. Me siento inundada por el universo entero, olvidada de mi identidad. Borracha por sorpresa de amor. Mi espíritu, despierto como nunca.

Escucho a mis venas corear, mi cuerpo festeja. Ha hecho historia.

Y mi pecho se expande de rojo.

jueves, 3 de julio de 2008

Se te cayeron


Se te cayeron los colores.

Estás humo, niebla
no arco iris, no tesoro
no prisma
ni luz.

Y yo, quedé noche y estrella,
puro sueño y dolor.

Azul.

jueves, 29 de mayo de 2008

Margaritas

Espero pasar el tiempo
en que pinte tu mandala,
en que deshoje las margaritas.

Aunque el mandala esté en el aire
y las margaritas ya hayan gritado mi destino.

domingo, 11 de mayo de 2008

La dama guardada


Regaba sus geranios.
Era bella, y el tiempo había pasado.

Yo conducía.

Y aunque quise, no pude
guardarla como hubiera querido
junto con otras cosas guardar.

El verde, las bocinas de los taxis
y tu preocupación
precipitaron mi disparo. No ocurrió.

Hoy paso, pero el balcón está vacío.
Los geranios florecidos,
la dama guardada.

Hoy paso, sigo conduciendo.
y me persiguen los fantasmas.

martes, 6 de mayo de 2008

Serás el mundo

El mundo es una tela en blanco. Es lo que vos quieras.
El mundo será lo que pintes en ella,
y la vestimenta que hagas con ella para vos.
Será tu visión y será lo que cubra tu cuerpo.

Para el ojo que vea el cuerpo, serás el mundo.

viernes, 2 de mayo de 2008

No pude tocar el picaporte

No pude tocar el picaporte
que solía girar antes de tocar el timbre.

No pude tocar la reja de la puerta donde solía estar yo
ni la ventana desde donde solía oírte.

No pude volver

porque no quiero seguir viajando en el tiempo.

Tu nombre sigue en el portero.
Quien me vea
pensará que sigo rondando.

Sigo añorando tus sonidos, tus palabras, tus manos.

La vida siempre me lleva y me trae,
y hoy todo me trajo hasta vos:
el recuerdo de un momento lejano
un café
y tu casa.

Una cadena de situaciones
imprevistas.

Pienso en vos y
pienso que eslabonaste esa cadena
sólo porque me previste deteniéndome otra vez
frente al número 668,

donde sea que estés.

Un charco

Tu pasión no es de fuego, es de agua.
Es de río que corre.
Desborda tu cuerpo, viaja libre.
Es de lago sin costa.
Se hace eterna, nunca termina,
y cuanto más se extiende,
sobre lechos que nunca conoceré,
es menos honda, es menos agua para dar.
Es más charco de lluvia
en una vereda cualquiera.

Lamadrid

Aunque haya pasado
el tiempo, la duda, lo nuevo.

Aunque seas común y silvestre.

Siempre serás
una pregunta
una historia
un camino hacia un lugar.

Siempre serás
los árboles a oscuras testigos del principio.

Tu túnel me devolverá siempre
a ese miércoles de septiembre
ese miércoles de risa y deseo
de llovizna suave
brisa fresca.

Será el celador del recuerdo
del relato sobre las letras de luces
las letras de hierro
las letras que no estaban.

Por suerte.

Y volveré a recorrer la sombra de los testigos
sin planes de hacerlo.

Volveré a tu túnel del tiempo
cuando me llames
cuando un desvío
me encuentre doblándote una esquina.

Guiada por el fuego,
el azar,
el infortunio y la esperanza.

Los de siempre,
los que siempre me llevan
de uno a otro

rebotando indeseada

para terminar en vos.

Un gato

Guarida, ecos,
pasos que resuenan,
camino oscuro y mío.

Será el paso número mil
que sueña ser el primero, una vez más.

Veo luces cercanas y lejanas,
luces tan mías que decido regalarlas
a la noche, al aire.

Te levanto,
decido llevarte conmigo
me gusta tu calor tímido.
Pero luego deseo soltarte, quizás así me puedas ver.

Adviertes mis círculos, mi camino perdido.
Vuelas.

Veo en la oscuridad.
Soy gato.

Soy criatura que recorre y punto,
que pasa entre la gente
que polariza el mundo con un signo más
o con un signo por.

Siempre supe que no estoy solo.
Pero jamás lo diré.
Jamás confesaré.
Que siempre vi.
Que siempre supe todo.

La noche es mi aliada,
mi coartada.

Cuando aparezca el sol
la función habrá terminado.
Estaré amnésico de mi supernaturalidad.
Transitoriamente.

La oscuridad me devolverá a mi camino,
a mi guarida fantasma
a donde todos van sin saber que yo los llevo
y sin ver que yo los miro.